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Esta absurda guerra para controlar el petróleo iraquí, para estimular el consumo de armas y para, después, reconstruir Irak es un ejemplo más de que son los grupos empresariales transnacionales los que dictan las políticas a los gobiernos de USA, de la Gran Bretaña y del Estado Español.
La llamada guerra preventiva no es más que una excusa. Una excusa que nadie cree. Todos sabemos que no persiguen la seguridad internacional. Y mucho menos la democratización de Irak o el bienestar de su pueblo. La sociedad civil estamos bien despiertos: la destrucción cometida por los ejércitos persigue intereses económicos y geoestratégicos.
Aunque sólo sea por dignidad y para no colaborar con quienes promueven la guerra, planteamos no pagar ni un céntimo más a los grupos empresariales más ofensivos, aquellos que utilizan nuestro dinero para hacer la guerra y poder ganar todavía más dinero. No tiene sentido manifestarnos en la calle y, al mismo tiempo, atorgar más poder a las empresas guerreras con nuestras compras o con nuestros ahorros.
Además, estamos convencidos que el boicot puede tener éxito. Porque no estamos solos. En todo el mundo surgen diferentes iniciativas y boicots contra las multinacionales que instigan esta guerra. También desde aquí debemos poner nuestro granito de arena a este esfuerzo globalizado. Si el volumen de ventas de las multinacionales de EEUU cae, aunque sea un 2%, a nivel mundial, los lobbies de estas empresas comenzarán a presionar a Bush sobre la inconveniencia de seguir esta invasión o de empezar otras.
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