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Qué
te proponemos?
Un boicot preventivo. Para una guerra preventiva con la que no estás
de acuerdo. Una guerra impulsada por aquellos que tienen mucho que
ganar con ella.
Por eso te proponemos que no consumas marcas de empresas relacionadas
con la guerra y los que la impulsan. Las empresas guerreras que quieren
la guerra porque para ellos es el mejor negocio de este siglo que
empieza. Queremos golpear dónde más daño hace. A sus ventas, a sus
beneficios. Somos consumidores con criterio, con opinión, que nos
oponemos a la guerra y queremos gritarlo donde haga falta. Por ejemplo,
en supermercados, en gasolineras, en bares, en la calle...
Hagamos boicot a los productos norteamericanos más emblemáticos, como
primer tratamiento de choque para intentar detener esta guerra: Coca-Cola,
Pepsi, McDonald's, Burger King, el cine de Hollywood, Marlboro, Winston,
Camel, Chesterfield,... Prescinde de estos productos, o sustitúyelos
siempre que sea posible, por otras formas de consumo más sanas y respetuosas.
En esta web te damos algunas alternativas.
Pero también hay otras empresas implicadas directamente con esta invasión
a Irak. Son aquellas que han promocionado la presidencia de Bus, financiando
su campaña electoral. O las que esperan que la guerra termine, que
Irak quede devastado, para poder apropiarse de sus recursos petroleros.
Otros quieren hacer el agosto reconstruyendo Irak una vez los ejércitos
norteamericano e inglés se hayan encargado de destrozarlo, con la
ayuda del Gobierno español. Y especialmente, aquellas empresas guerreras
que invierten en la fabricación de armamento y prestan servicios al
ejército, tanto de Estados Unidos como de España.
Consulta la matriz de las Marcas del "mal" para tener más información!
Lo que te proponemos no se trata de un boicot anti norteamericano
solamente, sino un cuestionamiento y una revuelta contra el abuso
de poder de las multinacionales norteamericanas y aquellas otras empresas
que trabajan para la guerra. Tampoco se trata de una acción puntual,
dirigida, de romper cristales de establecimientos norteamericanos.
Lo que planteamos es aprender a usar el consumo crítico como forma
de desobediencia civil. Todos consumimos, pero no queremos hacerlo
de cualquier manera. Tenemos criterio, y lo podemos utilizar. Y nos
tendrán que escuchar.
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